El sentimiento patriótico de los inmigrantes: el ejemplo de los Yussef

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      Quiso el destino que en mayo de 1852, el vapor City of Pittsburg, en que viajaba como tripulante el siciliano de origen árabe, Antonio Yuseff, naufragara frente al puerto de Valparaíso. Logrando sobrevivir gracias a sus condiciones de buen nadador, el joven, de apenas 19 años, fue rescatado y se afincó en Chile. En la isla de Chiloé, conoció a  Mercedes Martínez y fundó con ella  su familia chilena, involucrándose tan profundamente con el país que lo había acogido, que no dudó en participar activamente en su defensa enrolándose en uno de los batallones cívicos en Ancud que luchó contra España en la guerra de 1866, específicamente en la batalla de Abtao.

     Probablemente participó en ese conflicto no sólo por agradecimiento y para demostrar que su origen extranjero no lo hacía menos patriota que los nacidos en Chile, sino que también porque esta guerra solidaria con el Perú motivada por la ocupación española de las Islas Chinchas, de una u otra manera le hizo revivir el ideal anticolonialista que antes también lo había movilizado en Sicilia.

     Luego de su participación en la guerra, Antonio se trasladó al puerto de Tomé, en la provincia de Concepción, donde se convirtió en comerciante y luego en dueño y administrador de un hotel. A Francisco su hijo, que había crecido en Chiloé, le inculcó los valores de la lealtad y el honor y le trasmitió su afán aventurero. Convertido en marino mercante, “su naturaleza –cuenta su propio padre- fue siempre la de un verdadero chilote, siendo mediana su estatura pero fuerte y musculosa.”[1] Luego de recorrer por varios años las costas del Pacífico, se asentó en el puerto de El Callao, cuando, en la inminencia de la Guerra del Pacífico –en 1879-, Perú expulsó a la colonia chilena allí residente.

      Despojado de sus posesiones, Francisco regresó entonces a Chile dispuesto a sumarse al Ejército chileno y luchar como su padre por la bandera patria. Se enroló así en el Batallón Concepción como teniente.  Dicho batallón, fue transformado en regimiento el 14 de octubre de 1880 y como tal tomó parte en la campaña de Lima. Francisco formó parte de la Segunda Brigada de la Tercera División comandada por el general Pedro Lagos.  Le tocó entonces, combatir en las famosas batallas de Chorrillos, el 13 de enero de 1881, y de Miraflores, el 15 de enero de 1882. Esta última selló el destino del muchacho, quien cayó combatiendo junto a nueve oficiales y 110 soldados de su Regimiento. Tal vez como consuelo, quiso el destino que muriera frente al mar, tal como había vivido.

      Su padre, Don Antonio, quien afortunadamente lo sobrevivió para dejar testimonio de sus agitadas vidas, expresó el sentimiento que unió a las dos generaciones de Yuseff con el país: “Amo y he amado siempre a Chile, al que considero mi segunda patria; i así como yo concurrí con mi persona a su defensa en época aciaga…no habría tenido el menor inconveniente para que mi hijo hiciera lo mismo, i con más razón, pues él defendía su verdadera patria, la patria que lo vio nacer”.[2]

      Al despuntar el siglo XX, comenzaron a llegar de manera  masiva y continua a Chile los antepasados de quienes hoy forman la numerosa colectividad de origen árabe en Chile.  Ellos –al igual que la mayoría de los inmigrantes de distintas nacionalidades que se radicaron en nuestro país- siguieron la senda de los Yussef, logrando amalgamarse de tal forma a nuestra chilenidad, que hoy son simplemente parte de ella.

Fuente: Arancibia Clavel Patricia “La huella de los árabes en Chile”

[1] Vicuña Mackenna, Benjamín. El álbum de la gloria de Chile. Santiago, editorial Vaitea, 1977, pág. 540.

[2] Ibid, pág. 542.

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