El barrio Patronato, parte del patrimonio de la ciudad de Santiago

Blog Corral Victoria

      Los inmigrantes árabes que a comienzos del siglo XX legaron a la ciudad de Santiago se instalaron en diferentes barrios, siendo Patronato y sus alrededores el que comenzó a concentrar el mayor número de casas pertenecientes a miembros de la colectividad. Animado por el bullicio y la energía de los clásicos mercados árabes, el barrio había surgido gracias al empuje y la cohesión de palestinos, sirios y libaneses, quienes convirtieron el sector en un centro de producción y venta textil. 

      Los primeros se habían instalado allí a comienzos de siglo aprovechando el bajo precio de los terrenos. Lentamente se fue conformando un cuadrilátero de zona comercial textil, con casas de adobe, caminos de piedra y carretas de caballo. En los inicios, se asentaron en la calle Patronato con Santa Filomena. Era un lugar de residencia, pero donde se vendía mercadería importada, en tiempos en que la fabricación nacional era muy escasa. Una vez al mes, los comerciantes viajaban al norte o al sur para abastecerse de mercaderías provenientes de Europa.  El primer local comercial, fue de propiedad de la familia Chauriye, que se instaló en 1948, en el número 280 de la calle Patronato, atrayendo al público y a los pequeños comerciantes con sus productos tanto chilenos como importados.

      A partir de ese momento, fueron más bien los palestinos que habían llegado como consecuencia de la Nabka, los que alentados por el éxito de sus parientes y conocidos, se instalaron en el lugar con pequeños talleres de confección y puestos de ventas. En general, éstos se ubicaban en la planta baja de las casas en donde residían y en donde además tenían sus pequeños talleres. Según relata William Banduc padre, los que formaron el barrio “básicamente diseñaban vestuario, lo confeccionaban y exhibían en sus casas. Así se fue creando una pequeña industria artesanal donde por cada microempresa trabajaban hasta cinco personas en la confección de telas importadas desde el Japón. Desde entonces, la mayor característica del barrio fue el menor precio de las mercaderías, lo que sumado al origen mayoritariamente árabe de sus habitantes, dio vida a la famosa frase de las cuatro B: bueno, bonito, barato y…bundante.” Fue la época para los Mussa, los Sarras, los Sauma, y tantos otros. 

      Sin embargo, lejos de reducirse a un conglomerado de negocios, el barrio ubicado en la comuna de Recoleta desarrolló una cultura propia donde las costumbres, comidas, olores y sonidos producto de la activa vida familiar y comunitaria de sus habitantes, se hizo sentir. El hecho que la Catedral de San Jorge se hubiera construido allí, ayudó también a aglutinar a los árabes y sus descendientes que profesaban la fe ortodoxa. Además muchas de las actividades sociales realizadas por las agrupaciones de la colonia, la presencia allí del Policlínico sirio, creado en 1927, y de algunas sedes sociales y restaurantes convirtieron el lugar en punto de encuentro de la colonia. 

      Cuando en 1955 llegó al barrio la familia de Dolly Abuawad, se instalaron en la primera cuadra de Patronato, donde todavía vive y atiende su negocio de confecciones. Sus primos, Salim Abuawad y Monir Jadue, también palestinos, se establecieron muy cerca, en la calle Santa Filomena. Algunos, al tener noticias positivas de estos emprendimientos, dejaron las provincias y se instalaron en el sector, donde se convivía gratamente. Allí creció, por ejemplo, Carlos Abusleme, quien  vivía en la calle  Buenos Aires al llegar a Recoleta. Su  papá tenía una fábrica en la calle Domínica y un local en Patronato. Atendían en el living de su casa y tenían el taller atrás. Cuando a comienzos de la década se instaló allí la familia Álamo, lo primero que hicieron  es dar vida a un pequeño taller.  En esos tiempos, todas las casas tenían en su patio un taller. Estaba el señor que confeccionaba elásticos, había otro que hacía huinchas, y así. Nosotros no nos podíamos quedar atrás, recuerda Nasir, quien junto a su hermano, es dueño de la fábrica de confecciones La Oriental. Llegaron a Patronato porque su padre conocía a gente en el sector y ratifica que  el barrio era más bien  residencial. No había tiendas como las de hoy, pero sí  pequeños comerciantes que se caracterizaban por ir a comprar de cinco a siete prendas, para luego venderlas afuera. Compraban dependiendo de lo que les encargaban. Además –recuerda– que cuando los comerciantes de provincia venían a Santiago, iban a comprar al por mayor, ya que no se vendía por detalle. 

      Ya en los 60, el sector comenzó a ostentar la categoría de mediana industria textil y su infraestructura productiva mejoró  ostensiblemente. Se formaron talleres de confección hasta con cuarenta trabajadores y hasta 1970 hubo importantes cambios e innovaciones. No sólo se reemplazó el algodón por el poliéster, sino que hubo un gran fomento del comercio detallista. Las ventas empezaron a hacerse en forma directa y a particulares. En los años venideros el barrio quedó delimitado por las calles Loreto, Domínica, Recoleta y Bellavista y en el 2001, de los 1250 locales existentes, sólo 297 quedaron en manos de los inmigrantes coreanos que habían llegado allí en la década del 80.  

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